La huella

Tenía 3 o 4 años. Estaba segura porque aún no tenía hermanos. Aquel viernes estaba feliz. Salió de clase como un cohete, corriendo y se lanzó a sus brazos. Los brazos de su papá. Un papá al que idolatraba y echaba de menos (desde que tenía dos años, sus padres vivían separados) 
Subió a la camioneta y se fueron a casa.
Al llegar, les recibieron la nueva pareja de su padre y la hija de ella. Su padre le besó y le dijo que volvía "enseguida".
La tarde pasó lenta y en silencio. Jugando a lo que quería aquella niña desconocida y escuchando murmullos de aquella mujer desconocida.
Llegó la noche. La cena. La hora de asearse. Pero papá no llegaba. 
Estaba triste y cansada. Más de una vez se le cerraron los ojos en el sofá, pero aquella mujer le gritaba. No quería que se durmiese hasta que llegase su padre.
Era muy pequeña para saber la hora, pero no tanto como saber que era muy tarde cuando su padre llegó con demasiadas copas encima.
La discusión fue breve. Intensa, claro. Pero breve. Él dio un puñetazo en la puerta, dejando un boquete. Dio un portazo y se volvió a marchar. Aquella mujer se giró hacia ella y con todo el odio y la rabia con la que un ser humano puede hablar, le escupió:
-Todo esto es culpa tuya.
La empujó dentro de una habitación y la encerró. Sin luz, sin agua, aporreando la puerta, llorando y sin que nadie fuese en su ayuda.
Se durmió con los ojos hinchados de llorar. Se meó encima. Acurrucada en una cama que no era la suya.

Después, su mente guardó esos recuerdos hasta que estuviese preparada y pudiese ponerle nombre a esas emociones.
Pasaron muchos años.
Un día, volviendo de la facultad, escuchó a un padre amenazar a su hijo:
-O te portas bien o te encierro en el cuarto oscuro.
Y se hizo la luz.
Soledad. Impotencia. Rabia. Culpa. Vergüenza. Abandono...
Su mente lo puso todo en orden, pero la herida era tan profunda.
Durante años, el mito de papá-perfecto se había ido diluyendo y ahora, adulta, no le tenía ni miedo, ni respeto, ni amor. Hacía tiempo que no sabía de él y todo, porque aquella noche, no le protegió.

La memoria de los niños empieza a trabajar a los 5 años. Algunos padres se creen que tienen carta blanca para hacer con sus hijos lo que quieran "porque no se acordarán". Pues bien, sí que se acuerdan. No de todo. No pueden entenderlo todo, pero ahí está. Y es una piedra en su mochila.
Para hablar de respeto, de crianza respetuosa, creo que es básico hablar de maltrato. Y la narración de arriba es maltrato.
Si crees que esa historia es eso, una historia, un ejemplo ficticio; vuélvela a leer. Piensa en mí. Porque esa niña de 3 o 4 años era yo. Yo fui la que aporreó la puerta, gritando, llorando. Yo fui la que se meó encima. Soy yo la que, a veces, aún se pregunta; por qué mi padre consintió aquello.

Ahora sí, hablamos de respeto en 3, 2...

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