No, no fue fácil (ni tan maravilloso)

Desde que Samanta Villar hiciera aquellas declaraciones sobre la calidad de vida, han pasado algunos días. La ha tenido hasta con los potitos Hero (eso es clase)
Y cuando los calentones han bajado de intensidad, cuando los zascas se han diluido en el tiempo, entonces, me pongo a escribir.
No, no voy a analizar sus declaraciones. Algunas las comparto, otras no. Todas las respeto. Sí, debo ser uno de esos bichos raros que respetamos la opinión de los demás.

Lo que no te perdono, Sam (permíteme que te tutee y hasta te abrevie el nombre) es que digas que nadie te avisó. Si rascas un poco, nos encuentras a montones.

No, no fue fácil.
No fue fácil el primer trimestre. Amorrada al wc como si fuese mi nuevo mejor amigo. No fue agradable, ni cómodo, ni me sentía la mujer más feliz del mundo. Muchos me lo echaron en cara: "Siempre te estás riendo y cuando más feliz debes ser, estás hecha un asco".
No fue fácil explicar (una y mil veces) qué queríamos para nuestro hijo. Portear era una moda, dar teta una aberración, ¿pañales de tela? Cada comida familiar se convertía en una verdadera batalla donde TODOS tenían algo que decir, recriminar o, directamente, ignorar.
No fue fácil, ni siquiera, elegir un nombre.

Estuve doce horas de parto. Inducido. Que duele más. Eso sí, gracias a esa pedazo matrona que tuve. No dejó de animarme, de empoderarme, de guiarme y explicarme todo lo que iba haciendo. Aún te debo unos calcetines, Patricia.
No fue fácil, ni agradable, que recién parida una enfermera me echara la bronca por ponerme la epidural, mientras me sondaba sin el más mínimo respeto y me llamaba, sin tapujos, floja.
No fue fácil la lactancia. Para nada.
Eso fue lo peor. Un día me lo pasé entero sin poder darle el pecho porque era el pez con el que hacerse la foto. Me hierve la sangre solo de recordarlo.

No, el puerperio no fue fácil. Horas sola. Las compañías que quería que se quedaran, se marchaban a los 20 minutos. Aquellas que deseaba que me dejaran sola, no se quedaban a cenar porque mi marido los invitaba a irse. Todo el mundo queriendo coger a mi hijo, querer verle los ojos, querer dormirlo... sin entender que es MI hijo y que yo necesitaba estar con él y él conmigo.

Sí, Sam. Sí que existe el instinto. Ese instinto animal que hemos domado con los siglos, pero que al nacer nuestro peque, a algunas madres nos renace con fuerza, con naturalidad... Pero sí, tienes razón. Algunas mujeres no lo tienen y mejor. Si el planeta ya está super poblado, imagínate si todas las mujeres fuesen madres.

No, yo no idealicé la maternidad. Eso sí, me daba una envidia terrible ver como los babiesgram ni se cagaban. ¡¡¡Los hijos de las influencers no cagan, de verdad!!! Y el mío la liaba hasta la nuca y siempre cuando estaba sola. Ahora me río.
Lloré muchas noches. De agotamiento, de miedo, de soledad. Porque sí, ahí estaba mi marido... pero era tan injusto que él no tuviese un permiso de paternidad más largo, aunque fuese para limpiar más mierdas que yo.
Y pasaban los días y cuando el peque se dormía... me ponía a hablar con la gata. Ella sí que me entendía, o al menos lo parecía.

De aquellos interminables días pasados, me queda un sabor amargo. A veces, creo, que es más rencor que sabor.
Pero también me queda esa respiración acompasada a mi corazón. Esos ojos negros mirándome como si fuese la única mujer del mundo, de la galaxia, del universo. Me quedan esos ruiditos y esas primeras sonrisas. Estoy segura, si no me deprimí, fue porque ese amor nuevo (y desconocido) me salvó.

No, no soy más feliz ahora que antes. Pero es que yo siempre he sido feliz (con o sin pareja, con o sin hijos) La felicidad es una forma de ver la vida y eso depende de cada uno.
No, no he perdido calidad de vida. Científicamente, sí. Duermo menos (y eso que mi hijo es dormilón, pero no sé porqué me despierto por las noches), engullo en vez de comer (porque si no, se lo zampa él); pero he aprendido que si el ser humano está donde está, es porque aprendimos a adaptarnos.

Así que no, no fue fácil, ni tan maravilloso; pero no puedo evitar sonreír al recordarlo. Quizá las madres tenemos algo de masocas o el amor nos vuelve locas.

Comentarios

Entradas populares