Las sombras de mamá


Que la maternidad nos cambia es un hecho. No solo cambia nuestro cuerpo, nuestros hábitos, nuestras emociones... al nacer nuestro hijo, nuestro cerebro hace click y se mantiene en un estado nuevo para nosotras por dos años y medio. Así que no, no estás loca. Y sí, pasará.

Hoy os hablaré de mis sombras. Sí, en plural. Aunque Laura Gutman habla del "encuentro con la propia sombra", al final, descubres que hay muchas y que tienes que trabajar con todas.

La sombra del físico: A esta la encontré hace unas semanas. Cuando Àlex nació, a los quince días había perdido los 11 kilos que había engordado y me había quedado chupadita. Todo el mundo me decía lo bien que estaba, pero a raíz de otras sombras, el estrés, la ansiedad, me hicieron comer mal y comer mal nos afecta al físico. Cuando fui consciente y me miré al espejo, no era yo. Así que me puse las pilas, me fui a una nutricionista y le expliqué lo que me pasaba. Llevo quince días con una dieta (de las buenas, sin pastillas ni mierdas) y ya he perdido los 3 kilos que quería que perdiese. Se va a quedar a cuadros cuando me vea (por la velocidad de mi metabolismo)
También he empezado a andar. Antes andaba, pero ahora más. Mover el culo tiene efectos maravillosos (y no sólo para el físico)

La sombra de "no quiero ser como tú": Cuando nace una madre, también nacen dos abuelas. Pues esta sombra es de las duras. Es cuando abres los ojos y te das cuenta de que hay cosas que no te gustan y que no quieres repetir con tu hijo. A veces son cosas que te han hecho a ti y muchas otras que le han hecho a tu compañero. Y entonces sale esa sensación de rechazo, de "mejor cuánto más lejos".
Pero debemos recordad que, aunque no queremos repetir los mismo errores, cometeremos otros distintos y cuando nuestros hijos sean padres, otros distintos... porque nadie es perfecto.

La sombra de "soy algo más...": Durante semanas, a veces meses, te dedicas única y exclusivamente a tu bebé. No es un sacrificio y lo haces con ternura y amor, pero un día le miras y le dices: "Quiero ser mi mejor versión, para ser tu mejor ejemplo"... y te das cuenta de que necesitas "algo" para ser esa mejor versión de ti misma. Te notas varada, perdida... Esta sombra mola mucho. Es mi favorita. ¿Por qué? Porque pareciera como si la maternidad nos hiciera despertar y darnos cuenta de qué cosas nos gustan, en qué somos buenas y, de pronto, coges la cámara de fotos, el pincel, la hoja en blanco, la maquina de coser... y ahí está, la mejor versión de ti misma, creando, soñando y haciendo realidad sus sueños.

La sombra de la invasión: Ésta, a mí, es la que más daño me ha hecho. El mundo ha cambiado y ya no es como hace 30 años o hace 60, pero, por desgracia, hay mujeres de la última generación que se creen que las cosas no han cambiado y se meten en tu vida como si fuese la suya. No lo toleréis, jamás. Ese niño (niña) es vuestro, lo habéis parido vosotras, por muy fotocopia que sea de su padre. Recordad donde están los límites y dejadlos bien claros, porque cada límite sobrepasado es una falta de respeto y cada falta de respeto es una herida en vuestra autoestima. Y las únicas culpables de herir a vuestra autoestima sois vosotras.

La sombra de la soledad: Voy de menos a más jejejeje Cuando el test dio positivo, estábamos de mudanza. No hubiese pasado nada, si hubiese sido en mi pueblo... pero no, me tuve que ir a otro. En el que sigo. Si a eso le añado que el taller de lactancia se fue a la porra, pues a veces hablo sola.
Te sueltan eso de "si tuvieras carné" y en un principio pienso, "pues sí, oye, me lo tendría que sacar"... al segundo me cabreo: "Ah, encima, siempre me tocaría desplazarme a mí, no?"
Porque haces cosas con ilusión, conoces a otras mamás en el parque... pero no las vuelves a ver o no coincidís y la soledad pesa. Pesa mucho. No poder hablar, no poder reírse tomando un café. Hacerlo una vez al mes, o más... no es bueno, ni sano.
Huelga decir, en este pueblo son cerraítos y aunque conozcas a gente nueva, como ya tienen su grupo de amigos, pues oye... no te vamos a meter, que eres "forastera".
Esta sombra, por desgracia, me abrió los ojos con un tema peliagudo. A mí no me ha pasado todavía, pero cuando llevéis a los peques a la "guarde" (si los lleváis), empiezan los grupos de wasap... y empieza el bullying... y lo empiezan los padres.

La sombra exigente y perfeccionista: Esta es una tramposa hija de pu**. Porque dices eso de "Nooooo, no me voy a exigir más de lo que..." y zas, te has puesto a llorar porque el niño se ha puesto malo y estabas sola y no ha parado de llorar y eres mala madre... BASTA. Esta sombra te quema y el resultado es que acabas tratando mal a tus hijos. NO. A la mierda con esta sombra. Que los platos están sucios, pues mira, el primero que entre por la puerta que los friegue. Que no hay ropa planchada, pues comprad ropa que no se tenga que planchar, que hay pelusas haciendo la ola... pues uniros a ellas!
Ahora en serio, no os exijáis más de lo que vuestro cuerpo y vuestra mente pueden soportar, no es justo para vosotras ni para quienes viven con vosotras. Delegad.

Mi sombra, no la tuya: Todos tenemos cosas pendientes, sueños que no realizamos o actividades que nos hubiesen gustado hacer de pequeños. Pero son vuestros, no de vuestros hijos. He visto como niñas iban a música sin querer ir por culpa de sus madres. Y eso no es justo. A veces tenemos clara la teoría, pero sin darnos cuenta podemos caer en esta sombra. No proyectemos en ellos nuestra insatisfacción, nuestros sueños rotos o nuestros anhelos. Dejemos que ellos elijan, vivan y se equivoquen.

Estas son mis sombras. Sé que, poco a poco, iré conociendo más. De momento, el despertar se ha producido y las voy conociendo y aceptando (y corrigiendo algunas)
La maternidad viene cargada de cosas buenas, pero también de baches y despertares. Nuestra actitud es fundamental para ir salvándolos cómo mejor podamos.

Total, si hay sombras es porque, sin duda, hay luz y donde hay luz, siempre hay sonrisas .

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